Bus al centro.
La vida pasa, así de pronto,
Como un bus al centro
Unos colgaditos del estribo
Y los menos
Cómodamente sentados
Mirando pa'fuera
Pa'no ver a las ñoras
Que niño en brazos
Elucubran a quien
Joderle el asiento:
“Verdad que ya no hay
caballeros”, dicen
y me imagino
a todos esos guarros
de armadura-dura
sudando la gota
sopeando sus teveynovelas
y pensando en las
piernotas de la Lorena Herrera.
La vida pasa así de pronto
“Cuesta abajo en su rodar”
y así ni quien chiste
ni quien repele
--bueno, algunos golosos sí—
otros dormitados sin ver, oír o hacer caso;
los demás –oséase, usté y yo, camarada--
acá abajito
mirando, mirando, mirando
dejando caer estas letras
y esperando un turno
para el próximo viaje.
lunes, febrero 16, 2004
viernes, enero 02, 2004
Postrado en Chalchihuecan
Por un instante creí que
Habíamos caminado tierra adentro
Entre el mangle, bordeando los pantanos,
Apartando del rostro las verdes hojas
Del platanillo, las guías del zacate de espigas
Y azuzando los mosquitos que nos siguen
Como enjambre.
Pensé que habíamos
Avanzado algo desde la orilla
No sé, 200 ó 300 varas
Dejando atrás el río, el estero
y la laguna que los naturales de esta tierra
llaman de Lagartos.
Creí ver a los otros
Caminando penosamente, tropezando delante de mí.
Creí escuchar sus injurias bajo este sol calcinante
Con el arrepentimiento en cada palmo de piel
En medio de esta humedad
Que amenaza a uno dejarle seco el cuerpo
Hasta la última gota.
...
Debe ser efecto del ron
De la quinina
O de la fiebre misma.
Todavía estoy aquí
Tirado en la arena
Mirando la barcaza vacía
Y los bultos regados en la playa,
Sin poder moverme
Sin dar un paso
Con la alucinante sensación de una
Muerte segura
entre labios.
Por un instante creí que
Habíamos caminado tierra adentro
Entre el mangle, bordeando los pantanos,
Apartando del rostro las verdes hojas
Del platanillo, las guías del zacate de espigas
Y azuzando los mosquitos que nos siguen
Como enjambre.
Pensé que habíamos
Avanzado algo desde la orilla
No sé, 200 ó 300 varas
Dejando atrás el río, el estero
y la laguna que los naturales de esta tierra
llaman de Lagartos.
Creí ver a los otros
Caminando penosamente, tropezando delante de mí.
Creí escuchar sus injurias bajo este sol calcinante
Con el arrepentimiento en cada palmo de piel
En medio de esta humedad
Que amenaza a uno dejarle seco el cuerpo
Hasta la última gota.
...
Debe ser efecto del ron
De la quinina
O de la fiebre misma.
Todavía estoy aquí
Tirado en la arena
Mirando la barcaza vacía
Y los bultos regados en la playa,
Sin poder moverme
Sin dar un paso
Con la alucinante sensación de una
Muerte segura
entre labios.
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