lunes, abril 12, 2004

Hate

A veces me canso de mí:
De mis estúpidas ideas
Que dejan sus pintas
En las paredes interiores;
De las razones cortas
Que son camisas de fuerza
Para mirar con ojos nuevos
El horizonte que se cuelga
Desde las nubes pusilánimes,
De estas palabras pegadas al cielo de la boca
Que reúnen sus letras de cambio
Y siguen siendo ellas
Tan marchitas e ineficaces.

A veces me canso de mí:
Del ir y venir cotidiano
Por la misma ruta que,
de tan recorrida,
Solo guarda sorpresas
Para los distraídos e insomnes;
Me canso de mis manos que no apresan
De mis ojos que no ven ni lloran
De mis cuadernos con sus hojitas cuadriculadas
De esta ausencia de voz cuando los gritos son necesarios.

A veces me canso de los lunes por la mañana
Con su carga de hastío
Con sus esperanzas tapiadas
Con sus oscuras hebras que tejen mi silueta
a las paredes blancas de esta casa.

A veces me canso de la compasión insana
De la ayuda no solicitada
De la benevolencia divina
De las estocadas y los sueños irresolutos.

A veces me canso del mí mismo
Que se ríe a lentas del otro yo
Que espera le conforten,
Del otro yo que sigue optimista
Pensando que “mañana será mejor”
Del otro yo que escribe y escribe
Mientras el cansancio va, poco a poco,
Royendo los huesos y el cuerpo
De nuestros deseos.


miércoles, marzo 31, 2004

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El gato Jack

En su mundo lite
el gato Jack
lame y relame sus bigotes
mientras observa anodino
el tránsito en la calle
desde su puesto de vigía
en esta ventana del séptimo piso.

El gato Jack
con su negra pelambre
es un singular individuo:
vive la noche a sus anchas
--en las azotehuelas,
en el parquecito cercano,
en el terreno baldío--
y durante la mañana duerme sin recato.

A veces afila sus uñas
en las patas de la mesa
o en el tapiz del love seat,
a veces corre con desgano
a revisar su plato cerca de la estufa
pero la mayor parte del tiempo
se conforma
con mirar el transcurso del día
con plena indiferencia.

Cierto,
a veces envidio la leve existencia
de Jack el gato:
total ausencia de obligaciones
cero conflictos amorosos
ninguna preocupación por la tenencia del auto,
ninguna discusión con el jefe
cálida canasta para el sueño
y más de seis gatitas en la misma cuadra.

El gato Jack es bastante afortunado
tiene un pase permanente
para disfrutar el sol de la tarde
echado en la terraza
y degustar a lentas
algunos trozos de pescado.

lunes, marzo 15, 2004

A propósito de la ausencia

Hemos estado toda esta vida
con sus minutos
y sus horas
a mitad de un sueño
sentados en esta vieja mecedora
mirando el crepúsculo
y aguardando la llegada de la noche.

Hemos estado aquí
en el balconcito que da al camino principal
mirando hacia el lomerío
hacia los abedules
que se mecen con la brisa
de este otoño de brazos tiritantes.

Toda esta vida,
a mitad del sueño,
y cuando ves aparecer una figura cualquiera
recortada al horizonte
das pequeños sorbos a tu té de menta
sientes el pulso acelerarse
y tu rostro recobra el sol perdido.

De pronto, después de toda una vida
de extravíos y noches eternas,
sientes un frío repentino en la espalda:
el sol se ha ido
y la niebla empieza a envolver la casa
a desdibujar, poco a poco, el camino
las colinas y los abedules.