1. Hablar del transfondo utilitarista, misógino y comercial del San Valentine's Day en el día de los amorosos enamorados.
2. Mirar televisión sin prestar atención a nadie en el entorno y cuando alguien interrumpe, pregunta algo o quiere conversar conmigo me encabrono.
3. Comprar revistas que nunca leo.
4. Echar a perder películas de acción o cursis o melodramáticas a mis amigos señalando los errores de continuidad, edición, guión, tomas, etc.
5. Acomodarme los anteojos una y otra vez sobre la nariz... en un rito infinito que casi es un tip nervioso.
sábado, febrero 18, 2006
martes, enero 31, 2006
sábado, enero 28, 2006
Xalapa en la niebla
Hay espacios que de tan cercanos e íntimos duelen; duelen con la intensidad de la sonrisa ausente, con la profundidad de las manos enlazadas queriendo ser un solo cuerpo, con la impertinencia de una despedida inoportuna.
Así, entre dolorosos y agobiantes, son los reencuentros con Xalapa. Ayer la hallé enfundada en el pudor que la caracteriza y casi asfixiada por la niebla y el chipi-chipi. Desde que iba subiendo por la zona de Cerro Gordo todo fue mirarle el rostro y saber de sus tristezas y de mis nostalgias, de sabernos ajenos uno de la otra, de resignarnos a estos encuentros de fin de semana, de prisa, a escondidas, como amantes vulgares.
No obstante, a pesar del inclemente 8° Celsius de la madrugada, este día lavó su carita muy temprano y se mostró radiante, con el sol colgado a mitad del cielo. He recorrido sus callecitas esta tarde, he andado por Xalitic, por Juárez, por Morelos y me he sentido nuevamente apapachado.
Sin embargo, el gusto dura poco... son las 18:00 horas y debo volver, camino abajo, a atender a la otra amante, la de la playa.
Así, entre dolorosos y agobiantes, son los reencuentros con Xalapa. Ayer la hallé enfundada en el pudor que la caracteriza y casi asfixiada por la niebla y el chipi-chipi. Desde que iba subiendo por la zona de Cerro Gordo todo fue mirarle el rostro y saber de sus tristezas y de mis nostalgias, de sabernos ajenos uno de la otra, de resignarnos a estos encuentros de fin de semana, de prisa, a escondidas, como amantes vulgares.
No obstante, a pesar del inclemente 8° Celsius de la madrugada, este día lavó su carita muy temprano y se mostró radiante, con el sol colgado a mitad del cielo. He recorrido sus callecitas esta tarde, he andado por Xalitic, por Juárez, por Morelos y me he sentido nuevamente apapachado.
Sin embargo, el gusto dura poco... son las 18:00 horas y debo volver, camino abajo, a atender a la otra amante, la de la playa.
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